domingo, 18 de mayo de 2014

PROYECTO LEY SOBRE MIGRACION

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES Hoy, 15 de Mayo del 2014, en horas tempranas de la tarde, leí con el debido detenimiento los Considerando y los 13 artículos que integran el proyecto de ley enviado en horas de la mañana por el Presidente de la Repùblica al Congreso Nacional, vìa el Presidente de la Cámara de Diputados (así como la exposición de motivos que lo acompaña) mediante el cual se busca establecer en la Repùblica Dominicana un estatuto legal especial para aquellas personas nacidas en el territorio nacional y que fueron inscritas irregularmente en el registro civil dominicano así con afianzar legalmente el procedimiento pre existente sobre naturalización. De la lectura del referido material histórico (que esa es la categoría que tiene para el devenir del pueblo dominicano) puedo decir que, aparte de algunos corregibles detalles de forma y pequeñas concesiones de tipo fáctico, no tiene entrelíneas ni aspectos anfibológicos que pudieran dar pie a las consabidas e interesadas opiniones sesgadas e interpretaciones capciosas. Además, en su contenido se evidencia un expreso y firme deseo del primer mandatario dominicano de resolver de manera legal y justa un tema que ha polarizado la atención de muchos sectores nacionales y hasta de extranjeros que (estos últimos) en clave de mequetrefes han metido baza en este asunto de exclusiva incumbencia dominicana. El presidente Medina ha captado en su justa dimensión el peliagudo problema de los inmigrantes de otros países que conviven con nosotros. El que quiera ser objetivo y realista bien puede proclamar que en este tema se han respetado esencialmente la Constitución de la República, las leyes adjetivas (de manera especial la Ley 659, sobre actos del estado civil y las leyes que le precedieron sobre el tenor que ella versa), así como también, en su núcleo sustancial, la famosa y bien ponderada sentencia 168/13, del 23 de septiembre del 2013, del Tribunal Constitucional y otra anterior de la Suprema Corte de Justicia. Pero algo que no se puede soslayar en este caso es que se han tomado en cuenta los aspectos humanos que siempre acompañan a los procesos migratorios masivos, y que en el caso dominicano tienen décadas en estado larvario. Ahora es de esperarse que senadores y diputados se pongan a la altura correspondiente y dejen de lado su conocido enanismo moral y le den curso, sin festinación pero tampoco sin las consabidas tácticas dilatorias, a tan importante pieza legislativa. De igual modo se debe actuar con el reglamento de aplicación de la ley en germinación, haciéndolo con apego a lo que en ella se busca y evitando que el mismo adultere la esencia de la misma (como ha ocurrido en muchas ocasiones con otras leyes).

viernes, 6 de julio de 2012

PALABRAS DE GRACIAS DE TEÓFILO LAPPOT ROBLES

Palabras de gracia de Teófilo Lappot Robles Considero oportuno comenzar estas breves palabras de agradecimiento a ustedes por su presencia en este espacio de cultura que es el forum Pedro Mir, coincidiendo con los juicios emitidos por el jurado del premio príncipe de Asturias de las Letras el cual se le otorgó en España, el miércoles pasado, al formidable escritor norteamericano Philip Roth, sobre las bases de que él resalta en sus obras la realidad debatiéndose entre la razón y los sentimientos. Ciertamente la razón y los sentimientos forman un duo perfecto para enfrentar los desafíos de esta etapa de la humanidad tan llena de dificultades. Utilizando la razón, con su cúmulo de objetividad, y los sentimientos, como arma misteriosa anidada en el interior del ser humano, podemos identificar el signo de los tiempos y al mismo tiempo reflejar una imagen fiel del desasosiego complejo y convulso que vive el mundo. La compilación, que es en realidad el libro que estamos poniendo en circulación esta noche, es una combinación simétrica de ideas pretendidamente bien razonadas, a través de las cuales fluyen mis sentimientos como ser pensante, dejando reflejado en cada ocasión mi parecer sobre los temas y acontecimientos abordados. En esta obra describo hechos que nos han empequeñecido como sociedad, pero resalto de manera más abundante, como nota de optimismo, los episodios nacionales que nos elevan como pueblo dispuesto a encarar sus dificultades con tesón y valentía. En todos los casos siempre he pensado en el pro común. Con la compañía de ustedes me siento más que honrado y satisfecho, y al darles las gracias a todos sólo me resta desearles buen provecho en la lectura de este libro, cuyo titulo, ASÍ PIENSO, contiene en sí una carga de gran simbolismo sobre una mínima parte de nuestro pasado, una pequeña dosis de nuestro presente y una ventana abierta hacia nuestro futuro, primero como dominicanos, y después como ciudadanos del mundo. Gracias, Teófilo Lappot Robles Santo Domingo, D.N.,Rep. ,Dom., 11-junio-2012

PRELIMINAR LIBRO ASI PIENSO

PRELIMINAR Esta recopilación de artículos, relatos de temas diversos y ensayos sobre asuntos culturales, publicados en periódicos y revistas nacionales desde que el autor era un adolescente, tiene como uno de sus objetivos evitar que las ideas contenidas en los mismos queden dispersas con el paso de los años. He tratado de ser esencialmente fiel al contenido de los trabajos seleccionados para esta obra. Dos cosas aflorarán de inmediato a la vista del lector: a) algunos temas parecerán tan rudimentarios como aquellas famosas Glosas Emilianenses, escritas en el monasterio de San Milán de la Cogolla, en la Rioja española, y que fueron en verdad las primeras manifestaciones escritas de nuestro idioma y b) un marcado énfasis en temas vinculados a Higüey y la provincia La Altagracia. Lo primero es normal en todo principiante y lo segundo brota de manera natural por la oriundez del autor. Es preciso señalar que desde hace varias décadas Higüey y sus contornos se han convertido en una especie de El Dorado turístico, pero no siempre fue así, y muchos de los artículos contenidos en este libro lo confirman. El pueblo dominicano, desde antes de tener su propio gentilicio, ha vivido una larga jornada de luchas, con el objetivo de que las libertades ciudadanas se afinquen en nuestro medio y que la justicia imponga su majestad. En las páginas siguientes están reflejados muchos episodios que demuestran el coraje, la valentía y la decisión que siempre han caracterizado nuestra nación. También encontrarán los lectores muchos de los por qué de las fallas que tenemos como pueblo caribeño, así como descripciones de nuestros contrastes sociales expresados de manera simultánea en noblezas y mezquindades; en amor y odio; en sacrificios y aprovechamientos, en luces y sombras. Así pienso, recordando al poeta portugués Guerra Junqueiro cuando le dijo al sabio español Miguel de Unamuno: “Los que lo ven todo claro son espíritus oscuros”. Santo Domingo,República Dominicana, 11-junio-2012

jueves, 5 de julio de 2012

Presentación libro ASÍ PIENSO

Palabras de Paíno Abreu Collado en la Presentación del libro “ASI PIENSO” de la autoría del doctor Teófilo Lappot Robles Buenas noches a todos los presentes Doctor Teófilo Lappot Robles Señores de la mesa honor Distinguido público Amigas y amigos No quise saber qué motivó a Teófilo Lappot a invitarme a la presentación de su libro, de modo que no le pregunté, pero para ir aclarando sobre la espectativas que podrían todos ustedes tener, les advierto que yo podría ser un buen amigo, que creo es la razón por la cual he sido objeto de esta invitación, pero no un buen expositor y mucho menos en estas lides literarias. Después tendré que aclarar con él sus reales intenciones, pues en apariencia estaba ocurriendo una de dos cosas: sobreestimaba mi capacidad o lo hacía con la aviesa intención de hacerme quedar mal, en cuyo caso tendré que revisar el amistómetro, ese aparato que mide nuestra amistad. Lo digo porque hace apenas unas semanas fue a mi despacho y me dijo: “Lo he escogido a usted para que haga la presentación de un libro que voy a publicar, se llama “Así Pienso”. Y yo, siempre de ingenuo creyendo en la sanidad de la gente, le dije “como no, como no”, sin tener la más mínima idea de lo que se trataba. Cuando días después recibo el pesado fardo, quería creer que mis ojos me engañaban. Pero no, el título se correspondía y el autor del ejemplar era él. No hay dudas, “me llevó el chanfle”, pensé. ¡Y me llevó!!. Tirar seiscientas treinta páginas para la izquierda en pocos días no es paja de coco, y más para un lector lento y a veces ido como yo, que con frecuencia me devuelvo para enterarme de cuál es el tema o para retomar el hilo de la trama. Quienes chequeen el libro se darán cuenta inmediatamente de la trampa. El primer trabajo del autor fue publicado en el Meridiano Oriental y está datado en fecha nueve de febrero del 1974, es decir, hace más de 38 años, cuando el autor de “Así Pienso” aun no había cumplido los 17 años. El último de los escritos que aparece en este volumen data de hace poco más de un año, por lo que es fácil inferir que esta producción del autor duró 37 años en gestación o lo que es lo mismo 1924 semanas. Tenemos que felicitar al amigo Teófilo Lappot ya que una vez más se demuestra el valor del dicho aquel: “grano a grano se le llena a la gallina el buche”. ¡Y que buche doctor Lappot!! En cambio, a mi ténganme pena, porque es evidente que “jondiarse” semejante material escrito en pocos días no solo atraganta sino que puede provocar diarrea temática, que según tengo entendido deja a la persona escuálido de cuerpo, y deshidratado y turulato de mente. De otra manera, el atasco puede ser estreñimiento o constreñimiento cerebral, donde por mucho que uno trate no hay manera de parir, aun exprimiendo, alguna prosa digna de ser pronunciada ante un auditorio como este. Miren que ponerme frente a un micrófono en las condiciones en que les he contado. ¡Y es fácil!! Debería haber más equidad, ¿No cree usted? Señor autor de “Así Pienso”. Bueno, aparte los chistes para relajarnos un poco, la verdad es que la invitación a presentar este libro es un gran honor y un privilegio que solo puede venir de un sincero y gran amigo, como lo somos Teofilo y yo. Me imagino cuántos locuaces de este país no lo darían todo por tener de frente un auditorio como el que ha acudido aquí, atendiendo la convocatoria del hidalgo escudero de Higuey. No obstante, permítanme decirles, que mientras él “Así Piensa”, yo siento como si me hubieran lanzado a un precipicio y lo único que me mantiene aquí, es la confianza en que ustedes no permitirán que me dé muy duro al caer. ¿Qué puedo decir yo sobre el libro y el autor de “Así Pienso”? Estreñido, o con lo otro, a todo riesgo, intentaré evacuar lo que pienso. Sobre el autor. Saben una cosa, cuando apresurado volteaba páginas de “Así Pienso”, no dejaba de preguntarme ¿pero este no es el Teófilo Lappot que yo conozco?. De 150 trabajos o artículos que contiene el libro, 75 de ellos fueron escritos en la primera juventud del autor, casi en la mocedad, cuando apenas tenía entre 16 y 20 años de edad(1974 - 1978), una etapa en la cual la mayor parte de los jóvenes están en otra cosa. Obviamente ese no era el caso de Teófilo Lappot. Mientras otros haraganeaban o se divertían, ese muchacho estaba tirando páginas para la izquierda, leía y leía todo lo que encontraba, como si los libros y los autores se fueran acabar, hasta que preñado de conocimientos no quizo ahogarse en ellos y comenzó a dejarlos salir de a poco, hasta que la necesidad se tornó en torrente que no pudo detener. La voz de aquel escritor naciente se dejó sentir ya en periódicos locales como el Meridiano Oriental de San Pedro de Mácoris, donde se estrenó como articulista, en la Tribuna Oriental del Seybo o en los higueyanos El Cometa, El Eco, el Lucero, y El Planeta, asi como en la Revista Amigo del Hogar y en practicamente todos los diarios de circulación nacional de la época, con más profusión en el Periódico El Sol y en La Noticia, pero también en El Nacional, en el Listín Diario y en El Siglo. Desde todas esas tribunas combatió con firmeza el desgobierno existente, señalando con admirable certeza la escasa visión de las autoridades para resolver los problemas ancestrales del latifundio, la falta de una reforma agraria eficáz, el obsoleto sistema educativo, la miseria y la pobreza en que se debatía la mayor parte de la población, el robo, el peculado, la represión, y toda clase de crímenes y vejaciones que en especial contra la juventud se sucedían. Al autor de “Así Pienso” también le sobraron agallas para denunciar a la Gulg and Western, intocable transnacional que con toda permisibilidad se apropiaba no solo de gran parte de las mejores tierras del Este, sino también que enajenaba, emberjando para sí, las mejores playas del La Romana y Bayahibe, ejemplo que después siguieron las compañías hoteleras que echaron raices en la zona de Punta Cana, Bábaro y otras áreas de la costa Este, donde hoy en día las playas siguen ahí pero solo para el disfrute de extranjeros o dominicanos con “cuartos”. Y todo en la más rayana violación de la ley. Yo que poco más de 10 años antes había sido miembro coordinador de la primera célula del Movimiento Revolucionario 14 de Junio que se formó en mi pueblo y paralelamente en el liceo Ulises Fco. Espaillat de Santiago, siempre en el más absoluto secreto, no alcanzo a comprender como aquel jovencito salió vivo, enfrentando abiertamente y con tanta crudeza a uno de los regímenes más represivos y en uno de los tiempos más tenebroso de la historia reciente de la república dominicana, enmarcados precisamente en el período de los 12 años aquellos en que el doctor Balaguer condujo a sangre y fuego el escenario político nacional, desde el año 1966 hasta el 1978. La valentía que exhibió el Teófilo Lappot de aquellos años yo la desconocía hasta que me emburujé con “Así Pienso”, porque nuestra amistad no comenzó sino hasta el año 1990 cuando yo, desde una empresa familiar que funcionaba en el hogar y que recién instalaba en local propio, creciendo en los negocios, y coincidencialmente, el abogado Teófilo Lappot Robles también hacía nido en el mismo lugar, para iniciarse o continuar el ejercicio de su liberal profesión. Solicité sus servicios casi de inmediato, entravándose una excelente amistad que no se como perdura, porque este hombre no bebe, no canta, no baila, y ni siquiera una partida de dominó juega, la diversión hogareña más común entre los entrados en años como nosotros. Nunca pude enterarme, aunque lo supongo, qué hace este hombre en su tiempo libre, si es que realmente se permite alguno. Sí pude comprobar desde aquel tiempo que este ser humano no tenía vicios, (o sí los tenía), pero en este caso no eran tales, sino virtudes. ¿Paradoja, verdad? La primera, un amor intenso por sus tres hijas, visible en las fotos que siempre abundaban en su escritorio y en la repisa baja y media de los estantes de la biblioteca, así como en el constante alarde y orgullo que en todo momento mostraba por las notas y éxitos que en el colegio alcanzaban sus amadas niñas. La otra virtud, igual de intensa, era la pasión por la lectura. Siempre tenía en su escritorio los varios libros que al mismo tiempo leía (inesplicable ¿verdad?) y ni decir de su biblioteca, a la que nunca bastaban las cuatro paredes de su modesta oficina, ubicada igual que la mía de aquel tiempo, en la segunda planta del edificio Corymar II, en el Km. 91/2 de la Carretera Sanchez o Prolongación Independencia. Seguramente fue por ahí por donde se inició nuestro acercamiento, porque yo también siempre leí, pero nunca jamás con la fruición de Lappot y mucho menos con esa asombrosa y privilegiada capacidad de retener contenidos y hasta memorizar nombres, lugares y fechas que este originario de Higuey y ciudadano de la República Dominicana exhibe con la mayor naturalidad. Para serles sincero, cada vez que me junto con él y lo veo haciendo gala de esa privilegiada memoria que hasta invade con frecuencia el campo del interlocutor, para ayudar, cuando uno no es rápido en encontrar la palabra adecuada para lo que se quiere decir, pienso en mis adentros, y no será que ya me llegó el alzheimer. Ya sea el nombre del autor, el título de un libro, una fecha o un hecho histórico, literalmente cualquier cosa que el autor de “Así Pienso” haya visto, escuchado o leído, en su caso parecerían estar siempre a flor de labios cuando surge la necesidad o le es requerido el dato. Es la enciclopedia humana que yo más cerca he tenido, y a veces pienso que debe ser por esa carencia de “otros vicios”, que algunos no hayamos podido tenerlo y disfrutarlo por más tiempo como contertulio. Porque, ¡Caramba doctor, usted tan inteligente, debería saber que no solo de pan vive el hombre y mucho menos solo de libros! Con ese hombre especial, he tenido el privilegio de cultivar una incansable amistad que ha perdurado, creciendo, durante los últimos 22 años. ¿De qué escribe Teófilo Lappot Robles? Como ya se sabe, la vida y el mundo literario de nuestro amigo comienzan muy temprano en su vida. No había cumplido aún los 18 años cuando ganó el 1er Premio del concurso literario de navidad convocado por el Obispado de Nuestra Señora de la Altagracia, con un ensayo acerca de la vida y obra de Manuel de Jesús Galván. Obtuvo el diploma Pluma de Oro y RD$50.00. Una crónica del periódico El Caribe del 14 de enero de 1975 se titulaba “Estudiante de Higuey gana primer premio concurso”. Para ser sincero con ustedes, este hombre practicamente escribe de todo, pero más se concentra en las materias de filosofía, literatura, cultura y política. Así, en su producción encontramos abundante material sobre educación y cultura, y como buen hijo de su pueblo le dedica tiempo y espacio a la situación de la Región Este y específicamente a la transnacional Gulf and Western, a su provincia de origen, La Altagracia, y a su ciudad natal, Salvaleón de Higuey. Un tema que aborda recurrentemente en su obra es el de la juventud, tratado desde múltiples ángulos, pero siempre en defensa de la creación de oportunidades para los jóvenes de su tiempo, que por fuerza generacional serían los líderes del mañana, es decir, de hoy. Exhorta y clama por la participación de la juventud en la política, aunque en el camino encuentre más obstáculos, “que los que narra Dante en su Divina Comedia”, dice el autor de “Así Pienso”. En materia de política no solo atacó duramente el régimen de los 12 años de Balaguer, sino que al desaparecer las espectativas que pudieren haberse creado con Antonio Guzmán primero y Jorge Blanco después, a su debido tiempo retoma las iracundas críticas por la incapacidad que en ellos ve para solucionar los más elementales problemas de la sociedad. En la etapa analizada de sus escritos, el joven escritor se muestra inquieto, luchador, revelde y a ratos radical, se expone al peligro inminente como combatiente público del régimen de los 12 años del doctor Balaguer, pero aun así no se le ve haciendo recurrencia de ciertos términos y conceptos asociados a la izquierda radical, tales como: revolución, socialismo, clase obrera, burguesía, imperialismo, explotación, intervención etc., como tampoco defendiendo explícitamente a partido alguno. Sí le escribe a la raza inmortal del 14 de Junio y expresa sin vacilación alguna su profundo rechazo al intervencionismo norteamericano en nuestro país y en otros paises de América y del mundo, y en el campo de la solidaridad internacional protesta por el bloqueo de Estados Unidos a cuba, defiende abiertamente la lucha sandinista del pueblo nicaraguense, igual que a los pueblos salvadoreño y boliviano frente a los aprestos intervencionistas de Estados Unidos, asi como también, más cerca, se conduele del destino de nuestro hermano pueblo haitiano, a quien llama “pueblo encadenado”. Ciertamente no se asocia ni se hace militante de esas ideas, pero en esa etapa de su vida el lenguaje que emplea en sus escritos está más cerca de la izquierda y por momentos a uno le parecería que, como en otros casos en nuestro país, aquel inteligente y destacado joven ha sido captado por uno de esos grupos que pululaban por ahí, para enquistarlo como cabeza de playa en clubes, organizaciones comunitarias, gremios, organizaciones sindicales, partidos, y hasta en sistemas de comunicación. Cuando leía en “Asi Pienso” el caudal de artículos bajo la autoría de Teófilo Lappot en los periódicos de la época, especialmente en los años 1975, 1976, 1977 y 1978, me llegué a creer que el jovencito aquel estaba cumpliendo una misión política en los medios. Pero nada más distante, lo que pasó con nuestro amigo escritor fue que además de la necesidad irresistible de decir lo que pensaba y sentía, estuvo tentado a ejercer la profesión u oficio de periodista. Con el paso de los años, ya avanzada la década de los 80’S, y terminados sus estudios de derecho, sus trabajos se notan más orientados a sacarle provecho a la riqueza del lenguaje, donde se vuelve un experto. A mi juicio, es en la crítica literatura donde la prosa del escritor Lappot Robles bate sus alas con más deleite y es cuando más se crece en su capacidad interpretativa el autor de “Así Pienso”, tanto si se trata de autores y títulos extranjeros, como de aquellos dominicanos de las letras más aventajados. Invito a todos los amantes de la lectura a no perderse la oportunidad de disfrutar los enriquecedores comentarios que el autor hace, por ejemplo, de Enriquillo, de cuyo autor Manuel de Jesús Galván nuestro Lappot Robles describe cosas que yo ni me imaginaba; o de Hamlet (Willian Shakespeare); o del poema épico La Araucana (Alonso de Ercilla); o sobre La vida es un sueño (Pedro Calderón de la Barca); y de las obras de García Márquez que para ese momento (1981) habían sido publicadas, como Hojarasca y El coronel no tiene quien le escriba; de Cien Años de Soledad, el comentario es bastante amplio y de La Mala Hora, y de la Crónica de una muerte anunciada, más breves, pero magistrales; de El Otoño del Patriarca debo destacar una de las citas que hace Teófilo Lappot para mostrar la forma en que García Márquez ridiculizaba el poder de que hacian galas los dictadores latinoamericanos: Uno de ellos preguntó: “¿Qué horas son?” y le contestaron “las que usted ordene mi general” Sobre los generales latinoamericanos existen muchas historias, y como se dice unas van de cal y otras de arena, porque cuando se trata de “mi general”, es decir, del general Felimón Lappot, tatarabuelo del autor, éste, según su tataranieto, “cruzó el pantano sin ensuciarse las plumas”. (Pág. 175, En defensa del general Lappot) Leer “Así Pienso” es como darse un largo paseo por la historia universal y recibir un refrescante baño de cultura, especialmente de cultura americana, disfrutando las citas que certeramente el autor coloca en cada espacio y momento en que el relato debe ser fortalecido con el pensamiento luminoso de uno de esos genios que parieron conocimiento en otras épocas o con aquellos más actuales, y aun vivos, que se han ganado dentro y fuera de nuestro país el aprecio y el respeto de todos cuantos nos sentimos felices cuando con un libro en las manos, imaginamos como si fuera en una película, el lugar y las condiciones en que ocurren los hechos que están siendo narrados. Para los que hemos intentado embadurnar cuartillas sin llegar a mucho, lo más dificil no es tanto el discurrir la prosa por una pendiente dulce y suave al paladar del entendimiento, sin caer ni en lo simple ni en lo complejo, sino además sustentar lo dicho con explicaciones lógicas, reales o ficticias, o con citas de autores creíbles o líderes reconocidos. En eso, hay que admitirlo, el autor de “Así Pienso” es un verdadero maestro, disponiendo a su antojo de una memoria secular sin paralelo, para traer al canto la palabra o la frase perfecta que define o reafirma su pensamiento. En casi todos sus capítulos “Así Pienso” está cargado de citas y fraces célebres de los más diversos autores. Por ahí desfilan como si nada, sacando el autor provecho al ingenio, entre otros: Platón, Aristóteles, San Pablo, Miguel de Cervantes, Nicolás Maquiavelo, Cicerón, Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca, Estephan Sweig, Willian Shakespeare, Victor Hugo, Leon Tolstoi, Francois Rabelais, José Martí, Eugenio Maria de Hostos, Rubén Darío, Oscar Wilde, Pedro Henriquez Ureña, Miguel Angel Asturias, Ramón Emilio Jiménez, Alonso de Ercilla, Ernest Hemingway, Winston Churchill, Juan Ramón Jiménez, José Ingenieros, Ortega y Gasset, Sigmund Freud, José Saramago, Juan Luis Borges, Jorge Amado, Juan Marsé (aquel español que Lappot cita diciendo: “Leer es vivir muchas vidas”), Carlos Fuentes, Camilo José Cela, Hipólito Taine, Jorge Edwars, Laureano Ballenilla Lanz, Augusto Roa Bastos, Bernardo de Balbuena, Horacio Blanco Fombona, Maurice Duverger, Jacques Roumain, Joaquín Machado de Assis, Ricardo Girardes, Eduardo Galeano, Ramón Gómez de la Serna, Juan XXIII, Juan Pablo II, Baltazar Gracián, Michael Korda, incluso autores nuevos como Antonio Pérez Reverte (Sí, ese de la Reyna del Sur) y el archifamoso Dan Brown, el de “ Ángeles y Demonios” y “Código Davinci”, por mencionarles solo una pequeña parte de los autores internacionales de cuya fuente aparecen citas en “Así Pienso”. Dejo en quienes tengan la oportunidad de leer el libro, conocer el nombre de al menos otros cien autores que el doctor Lappot cita, muchos de los cuales, confieso mi ignorancia, ni siquiera los había oído mencionar, lo cual testimonia, sin ningún género de dudas, la gran cultura literaria que desde muy joven forma parte de los activos intelectuales de este hombre singular de Higuey. Entre los autores dominicanos comienza con Manuel de Jesús Galván, y sigue con Juan Pablo Duarte, Gregorio Luperón, Pedro Francisco Bonó, Juan Bosch, Juaquín Balaguer, Juan Isidro Jiménez Grullón, Américo Lugo, Juan Vicente Flores, Luis F. Mejía, Domingo Moreno Jiménez, Juan Antonio Alix, José Joaquín Pérez, Ramón Marrero Aristy, Ramón Benito de la Rosa y Carpio, Juan Feliz Pepén, Antonio Cedeño Cedano, Antonio Zaglul, Rufino Martinez, Freddy Gatón Arce, Dato Pagán, Víctor Villegas, Andrés L. Mateo, Aida Cartagena Portalatín, Francisco C. Alvarez, Julia Alvarez, Diógenes Valdez, Bruno Rosario Candelier, Juan José Ayuso, Freddy Ortiz, y tantos otros que no es posible enumerar. Como hemos dicho, la mayor parte de los trabajos del apreciado amigo Lappot que aparecen publicados en este libro, fueron escritos cuando él era muy joven. En 1983, hace ya 25 años, el 80% del contenido de “Así Pienso” estaba escrito, cuando el autor a lo sumo había alcanzado los 26 años. Es decir, son escritos de un hombre joven que desperadamente quiere devolverle a la sociedad parte de la riqueza que a través de la lectura recibía a raudales. Y como de lectura es de lo que se trata todo esto, quiero terminar mis palabras, ofreciendo los concejos que mi amigo, el ya encumbrado autor de “Así Pienso”, ofrecía a sus lectores de El Cometa un 19 de noviembre del año 1976. Decía él: “Es un deber perentorio de todo lector, desentrañar el mensaje que el escritor pule en su obra. No nos podemos dar el lujo de leer por el simple prurito de hacerlo, o por un mero deleite intelectual. Es menester comprender el mensaje que hay detrás del conjunto….de toda obra literaria. Para ello no hay que ser experto……. Solo hay que poner una buena dosis de interés y leer obras acorde a la capacidad interpretativa que se posea, la cual va… creciendo de acuerdo al volumen de lectura que se lleve”. Así hablaba ya aquel joven con apenas 19 años. Con toda honestidad, amigo Teófilo Lappot, después de leer “Asi Pienso”, yo pienso que su verdadera vocación debió ser entregarse por entero a la literatura. Si aquel muchachito que comenzó a escribir a los 16 años, hubiera seguido el derrotero que en sus escritos denota, no hay dudas que en Salvaleón de Higuey y en la República Dominicana hubiésemos tenido un formidable heredero del mas representativo padre de la literatura universal en español Don Miguel de Cervantes Saavedra. Muchas Gracias 11/06/2012 Forum Pedro Mir,Librería Cuesta Santo Domingo, D.N.,R.D.

viernes, 23 de septiembre de 2011

MANUEL DE JESÚS GALVAN

(Publicado en septiembre del 1981, periódico El Cometa).

La vida de Manuel De Jesús Galván fue muy intensa. Nació en la capital de nuestro país en el año 1834. Su primera función pública fue como secretario personal del dictador Pedro Santana.
Fue un entusiasta partidario de la Anexión a España. Durante ese oscuro período ocupó importantes cargos. Segùn se observa, gracias a las reseñas históricas hechas sobre él, era un hombre muy veleidoso. Me contaba en días pasados un distinguido intelectual dominicano, con cuya amistad me siento honrado(pues a pesar de la gran diferencia de edades y de conocimientos me ha permitido penetrar a su círculo de amigos) que en una ocasión Don Eugenio María de Hostos se encontró con su amigo Galván en la histórica calle El Conde y le espetó de esta manera: ”¿Cómo está pensando hoy ese estómago?”.
Pero como quiera que este espacio no es para hacer una cronología de los puestos desempeñados por ese brillante intelectual criollo, voy al grano de inmediato, como diría Alejandro Dumas.
Desde niño sintió el autor de “Enriquillo” un verdadero deseo por las letras. A los 20 años incursionaba de lleno en los predios literarios. A esa edad, en unión con varios jóvenes escudriñadores de la literatura, forma la sociedad cultural “Amantes de las Letras.
Esa institución marcó un hito en las letras vernáculas, pues sirvió de incisivo acicate para los jóvenes de aquel tiempo, que con la aparición de esa sociedad sintieron una ebullición interior por la literatura.
Manuel de Jesús Galván fue el más notable de los novelistas dominicanos del siglo diecinueve. Asombró a toda América Latina con su famosa novela Enriquillo, obra que por su contenido literario y realismo auténtico constituye una verdadera joya literaria que ha enriquecido elocuentemente las letras criollas.
Por su valor histórico y su contenido literario fue incluida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en su colección de obras representativas de la Literatura Universal.
Quien escudriña los actos que han escrito páginas hermosas de nuestra historia difícil y convulsa encuentra en la lectura de Enriquillo el génesis más pródigo de la narración indígena.
He encontrado en esa obra, y en “Mulata de Tal” del guatemalteco Miguel Angel Asturias, cierta afinidad en cuanto al contenido esencial, por la forma aguda y patética en que se narran los episodios más graves de nuestro pasado colonial.
Da la impresión de que Galván, al escribir su obra, sintió en su fuero interno una rebeldía inenarrable y quiso volcar todo cuanto latía en su corazón.
No me explico cómo un hombre con esa mentalidad tan españolizante tuvo el coraje de escribir un libro que, como Enriquillo, es proclive a la denuncia.
Por ejemplo, en Enriquillo se lee un párrafo que resume elocuentemente la rebeldía del jefe indígena cuyo nombre tiene la obra:
“El alzamiento del Bahoruco aparece como una reacción; como el preludio de todas las reacciones que en menos de cuatro siglos hubieron de aniquilar en el Nuevo Mundo el derecho de Conquista”
¡Que prosa tan galana ¡Que contenido tan humano! ¡Que facundia tan notable¡Que derroche de humanitarismo!.
Realmente escribir una obra literaria donde se mezclan, en perfecta armonía, novela, historia, cuento y poesía, no es nada fácil. Se requiere un estudio amplio y un espíritu de indescriptible abnegación.
No se anda despistado si se dice que al escribir su obra cumbre, Galván comprendió que nuestra tierra, la dulce tierra que encantó con una hada a los foráneos navegantes de ultramar, acoge dulcemente en sus ríos, caminos, montañas escarpadas, valles y praderas, alguna narración desconcertante que se debe rememorar para que todo el orbe conozca cosas que parecen nimiedades, pero que en realidad son datos y hechos impredecibles para darle un matiz serio a nuestra historia.
En “Enriquillo” se resalta la límpida figura de Enriquillo, el valiente y sosegado cacique del Bahoruco.
Estoy de acuerdo con lo que dijo el apóstol de la independencia cubana, José Martí, en una carta que envió a Galván el 19 de septiembre del año 1884, fechada en New York. La carta en cuestión dice, entre otras cosas, lo que sigue: “Acabo en este momento de leer su “Enriquillo”.No supe decirle adiós desde que trabé con él conocimiento y quedamos tan amigos, que se lo he de ir presentando a todo el mundo para que me lo alaben, como si fuera cosa mía; lo cual es, por ser como será en cuanto se lo conozca, cosa de toda nuestra América.
En este párrafo elocuente, escrito por uno de los prohombres más ilustres que ha tenido América, se sella definitivamente el gran valor que para las letras nacionales tiene esta obra deslumbrante.
Alguien dijo que Enriquillo es la justicia corrompida. Me inclino reverente a rendir pleitesía a esta digna afirmación.
Desde cualquier ángulo que se le vea, el libro Enriquillo es una escuela que depara a torrente su rico caudal de sabiduría; es una verdadera fuente inagotable de investigación para los jóvenes de esta y todas las generaciones que surjan en el devenir histórico que envuelve nuestra Patria.
El poeta José Joaquín Pérez, que fue muy amigo de Galván, señaló que:
“De un simple párrafo de Herrera y de Las Casas, acerca de las bodas de Diego Velázquez con la noble María de Cuellar ha sacado el autor materia para bellísimas y deliciosas pinceladas sobre los amores de ésta con Juan de Grijalva y la rivalidad del adelantado.
Y hay nada más poético que esa unión de aquellas dos almas hechas la una para la otra, Enriquillo y Mencía que desde los albores de la adolescencia vislumbraron el porvenir de su ventura”.
Galván consideró que es dable la construcción literaria en cuya edificación lo histórico mezclado con lo narrativo puedan ser esquematizado.
Una técnica inmensa y profunda he podido notar en la lectura de Enriquillo y que muy bien supo aquilatar Martí cuando dijo es una “novísima y encantadora manera de escribir nuestra historia americana”.
Muchas personas se preguntan por qué Manuel de Jesús Galván brilla con tanto resplandor en las letras del Continente Americano si sólo escribió un libro.
Se tiene la idea de que el escritor importante es aquel que publica más libros. Nada más falso. La calidad se puede conseguir con un solo libro.
Pero la causa de que Galván sólo escribiera como libro a Enriquillo hay que buscarla en la situación política que prevalecía en el país en la época que a él le tocó vivir.
Es un artículo publicado el 13 de enero del año 1935, en el periódico La Nación, de Buenos Aires, Argentina, el gran humanista dominicano Pedro Henríquez Ureña se expresa de esta manera:
“Abundaron en la América española, durante el siglo XIX, los autores del libro único. En nuestros primeros cien años de vida independiente resultaba difícil para nuestra inquietud y desasosiego la forma larga y lenta del libro; más difícil aún el imprimirlos... Manuel de Jesús Galván es de los escritores de libro único...Ni antes había escrito otro, ni otro escribió después”.
Galván llama a su obra “leyenda histórica”, pero para Martí no es leyenda, sino historia. No quiere esto decir que sea historia en el sentido clásico, pero historia al fin y al cabo, aunque con la extrema influencia del tipo de historia que de la conquista elaboró el ladino Fray Bartolomé de Las Casas.
Muchos críticos consideran que Galván escribió simplemente para meterse en la moda de la fiebre indigenista de entonces. Otros, en cambio, enarbolan la consigna de que tuvo honda motivación de denuncia contra las injusticias.
De los libros que narran las epopeyas y la vicisitudes de los indios, que he tenido la oportunidad de leer, considero como el más elocuente a Enriquillo. Lo digo a sabiendas de que el indigenismo tuvo sus momentos más brillantes al través de poemas como “La Araucana”, de Alonzo de Encilla. Este poema épico narra la conquista de Chile, a veces inclinado a la tenue procacidad, pero en sentido general noble y heroico, donde se valoriza el nacionalismo intrínseco de los jefes indios Lautaro, Galvarino, Tucapel, Rengo y sobre todo el del grandilocuente Caupolitán.
También son dignos de mención “Bernardo”, de Valvuena y “Fantasías Indígenas”, de nuestro poeta José Joaquín Pérez.
No queda margen a duda que Enriquillo es el más representativo de todos los libros que sobre indigenismo se han escrito en América.
“Parece como que la toma de conciencia sobre injusticia abominables, que asume proporciones siniestras y plurales en Latinoamérica durante esos años, - época del indigenismo- y la militancia de escritores en movimientos revolucionarios encuentran en el relato vías de escape a la delación o a la formulación del documento requisitorio”. Así se expresa Edmundo Valdez en su ensayo sobre la antología del cuento Latinoamericano.
Enriquillo fue un personaje singular. La historia, o más bien los que escriben la historia, no han analizado aún, con toda la fuerza de verdad histórica que se merece, a este personaje. Algunos historiadores dicen que Enriquillo fue conquistado espiritualmente por Europa.
Se sabe, eso sí que el valiente cacique fue educado en la Verapaz por los frailes de San Francisco, y que siempre practicó la religión que allí le inculcaron. Juan de Castellanos en sus Elegías de varones ilustres de Indias, lo llama “gentil lector, buen escribano”.
Pero esa ligazón, que por fuerza de las circunstancias tuvo con los españoles, no impidieron que Enriquillo, ante el acoso inmisericorde de que eran víctimas los de su raza, se sublevara y exigiera respecto para los indios.
Duró catorce años combatiendo a los españoles (1519-1533). Sólo cesó en su tenaz lucha cuando el entonces emperador Carlos V se rindió por medio de una carta que le fue entregada al indómito indio por el capitán Francisco Barrionuevo. Pero antes, además, fray Bartolomé de Las Casas tuvo que penetrar las sierras de Bahoruco a llevar las palabras melifluas de la paz.
Galván y la Política
Por más que uno quiera evadir el tema, no se puede hablar de Galván sin mencionar su papel en la política dominicana. Papel por demás altamente funesto para el país.
Leyendo con perspicacia la carta de Martí a Galván, se nota claramente que el Apóstol no tenía relaciones personales con éste, y no podía tenerlas porque mientras Martí luchaba por una causa nacionalista, Galván se codeaba con los españoles y era un fervoroso anexionista.
En el año 1862 fundó el semanario “La Razón”, en ostensible deferencia hacia la Anexión a España. En ese órgano periodístico, según cuentan los historiadores, lanzó fulminantes diatribas y libelos anatematizantes contra los hombres de la Restauración , tildándolos de “traidores sin fe ni opinión” y llegó a decir y escribir que la “dominación española es el áncora de salud de todos los principios sociales contra los elementos deletéreos que amenazan a Santo Domingo”.
Cuando la guerra de Restauración terminó Galván se radicó en Puerto Rico. Pero por “un designio inescrutable de la naturaleza”, como dijera Meriño, el que asume el poder es Báez, quien abogaba por la anexión a Norteamérica.
Eso hace que muchos restauradores salgan al exilio y allí Galván entabla “amistad” con ellos para conspirar contra Báez.
Pero cuanto un grupo de patriotas de virtudes acrisoladas le pidió que firmara un documento de protesta por la Anexión que quería realizar el macabro dictador Báez, que cual Nerón de nuevo cuño desgobernaba con úcases despóticos al país, se negó, demostrando así su auténtica vocación política antinacional.
El doctor Juan Isidro Jiménez Grullón dice que cuando comenzó a declinar la estrella política de Luperón, Galván se vinculó con Lilís, con cuyo absolutismo quedó a la postre solidarizado.
Fue ministro de Lílis. Eso lo pinta de cuerpo entero. Fue secretario personal de Santana. Voz influyente en los círculos económicos de La Nación.
Es lamentable que no sean más los críticos que le censuren a Galván su sacrílega posición de carácter eminentemente anexionista. Pocos han sido los que se han atrevido a romper, con el ariete de la verdad histórica en las manos, los negros nubarrones tras los cuales se escudaba este personaje.
El intelectual Miguel Aníbal Perdomo dice que “no obstante los méritos de Galván como novelista, su obra no basta para justificar sus torcidas creencias políticas”.
Joaquín Balaguer, en su “Historia de la Literatura Dominicana” le critica la carencia del sentido del paisaje, demostrando de este modo la falta de nacionalismo del célebre novelista.
Realmente Galván fue un hombre paradójico y sorprendente. Uno no se explica cómo un hombre que es capaz de escribir una obra de un profundo contenido social es al unísono capaz de servir y medrar bajo el paternalismo de los más negros y bastardos intereses de su tiempo.
En los tiempos más cruciales en que nuestra tierra sufría las vejaciones más viles de parte de extranjeros protervos que llegaron hasta aquí con el único objetivo de robar y destruir todo cuanto estuviera a su alcance, Manuel de Jesús Galván tuvo la infeliz e infecunda osadía de adherirse sumisamente a los deseos de esos foráneos.
Tuvo el desprestigiado honor de ser uno de los más fervorosos y obsecuentes entreguistas de nuestra tierra a un poderío extraño que traía consigo la cizaña del odio, del latrocinio y de la destrucción de nuestros caros valores.
¡¡Rosas al literato Manuel de Jesús Galván!! ¡¡Espinas al político entreguista y anti dominicano Manuel de Jesús Galván!!

TEOFILO LAPPOT ROBLES
(Publicado en septiembre del 1981,periódico El Cometa).

miércoles, 21 de septiembre de 2011

JUAN EMILIO BOSCH GAVIÑO

(Publicado el 20/6/1981, en el periódico El Cometa)

Hablar de don Juan Emilio Bosch Gaviño, en su faceta literaria, es una tarea apasionante; sobre todo si uno es dominicano y ha podido seguir la trayectoria de escritor de este hombre perseverante e incansable trabajador intelectual.

Juan Bosch se inscribe en la lista de los grandes escritores: su fama no se detiene en las fronteras de nuestro continente, ella tiene carácter universal.

De ahí que sea citado por autores tan distantes y que sus obras hayan sido traducidas a los más importantes idiomas. Con justiciera razón ha sido declarado como un maestro en el muy difícil arte de escribir cuentos, que no es lo mismo (como dijera él mismo), que vivir del cuento.

Pero Juan Bosch no sólo escribe cuentos. Su trayectoria intelectual le permite tocar una amplia gama de temas con una habilidad excepcional, por eso no es raro leer una obra de él de historia, o de sociología ora de política, de religión, ora de filosofía.

La Mañosa, La Muchacha de la Guaira, El Oro y La Paz, Cuento de Navidad, Cuentos Escritos en el Exilio, Apuntes sobre el Arte de Escribir Cuentos, David, Biografía de un Rey; Judas Iscariote el Calumniado, Hostos el Sembrador, de Cristóbal Colón a Fidel Castro, Composición Social Dominicana y muchos otros títulos son una muestra digna de fe para testimoniar la señoría de don Juan Bosch en el mundo de las letras.

Bosch es un escritor que no escatima esfuerzos desentrañando la realidad de un mundo plagado de injusticias, un mundo donde la mayor parte de los seres humanos sufren limitaciones que pudieran solucionarse si fuéramos menos egoístas y menos inhumanos.

El, en sus obras, realiza un enfoque tremendo de nuestra realidad. Describe con maestría singular los problemas de nuestro continente, muy especialmente el desenvolvimiento de la vida en los campos y aldeas.

En el cuento “En un Bohío”, Bosch hace una clara descripción del desamparo en que viven millones de seres humanos, situación que, como es lógico suponer, puede ser extendida al mundo entero.

“El bohío era una miseria. Ya estaba negro de tan viejo, y adentro se vivía entre la tierra y el hollín...Había mandado a la hembrita a Naranjal, allá abajo, a una hora del camino; la había mandado con media docena de huevos que pudo recoger en nidales del monte para que los cambiara por arroz y sal...”.

Bosch es un estilista, es un experto en la lengua, y tiene una poderosa imaginación, lo que permite producir obras de gran impacto socio cultural.

Para hablar del Cuento en América Latina hay que señalar un antes y un después de Bosch. Quien dude lo antes dicho sólo tiene que revisar las muchas antologías donde figura con grandes caracteres el nombre de él.

En los libros de Bosch , inclusive los puramente literarios, que como se sabe se prestan mucho a los inventos, hay muy poca fantasía. Son obras con un alto contenido realista. El que los lee está en presencia de dos realidades al fin.

Por ejemplo, en La Mañosa asistimos a un triste episodio ya superado en nuestra accidentada historia como conglomerado humano. En esa novela de Bosch nos narra la forma en que hacían las cosas en la época donde el irrespeto y la bravuconería estaban a sus anchas. Una etapa en la que el pueblo dominicano fue ensangrentado por la falta de una autoridad que sometiera bajo el imperio de la ley a aquellos que no querían comprender que los hechos inciviles atentan contra la seguridad ciudadana. Era la época de las montoneras, del famoso Concho Primo.

Con la novela “El Oro y la Paz” contemplamos la dualidad del género humano: Hay avaros y hay dadivosos, hay malos y hay buenos, hay ambiciosos hasta lo increíble, pero también hay gente que su objetivo es buscar la paz sin tomar en cuenta riquezas materiales.

Alexander Forbes buscaba la paz, y la encontró entre las flores y los árboles; Pedro Yasic buscaba riquezas y encontró mucha desdicha. He ahí la dicotomía de los hombres.

Juan Bosch, que es un sociólogo de vista muy aguda, ha hecho una incursión literaria bastante amplia en los predios de doña muerte.

El Río y su Enemigo, La Muchacha de la Guaira, La Nochebuena de Encarnación Mendoza, Maravilla, La muerte no se equivoca dos veces y otros, enfocan la muerte desde diversos ángulos.

Las grandes desigualdades sociales que hay en el mundo han sido expuestas por Bosch en sus cuentos.

En los Amos observamos a un don Pío sin piedad, un verdadero explotador de la miseria humana, cuyo único norte es el enriquecimiento sin tomar en cuenta nada ni a nadie.

Don Pío tenía un trabajador llamado Cristino al cual le sacó hasta el último juguito: “Le pagaba un peso semanal por el ordeño, que se hacía de madrugada, las atenciones de la casa y el cuidado de los terneros”.

El cuento Luis Pie, que ha sido llevado al cine, es una radiografía de la forma en que desenvuelven sus vidas, en los bateyes dominicanos, los picadores de caña haitianos.

La explotación, el robo y las vejaciones de toda índole se unen para formar un conjunto de fatalidades alrededor de los vecinos del oeste vienen en peregrinación económica en busca de algunos pesos.

Luis Pie es un haitiano víctima de una injusta acusación. Sufre todos los martirios que uno pueda imaginarse.

“-¡Hay que matarlo ahí mismo, y que se achicharre con la candela ese maldito haitiano!- se oyó vociferar.

“-Ah dominiquen bon, salva a mué, salva a mué para lleva manyé a mon pití”.

“Una mocha cayó de plano en su cabeza, y el acero resonó largamente”.

Ese cuento hace mucho que se escribió, es cierto; pero en los actuales momentos la situación de los obreros agrícolas haitianos que viven en el país no está muy distanciada de esa cruda realidad.

En realidad para comentar a Juan Emilio Bosch Gaviño se toma mucho tiempo y espacio y sobre todo gran calibre intelectual, y quien esto escribe no posee ninguna de esas cosas, por lo que debe comprenderse con benevolencia el por qué de la simpleza y la poca extensión de éste, que pretende ser un comentario.

TEOFILO LAPPOT ROBLES
Publicado el 20/6/1981,periòdico El Cometa

viernes, 16 de septiembre de 2011

MIGUEL DE CERVANTES

(Publicado en junio del año 1981,periódico El Cometa).

Contar con el geniecillo de las musas para pulsar la pluma y parir ideas geniales no es cosa de todo el mundo.

Son, por tanto, seres privilegiados los que pueden hacer maravillas con la pluma y el papel; de ahí que podemos decir sin temor a equivocarnos que son muy pocos los que en cada generación logran descollar en la literatura.


Los grandes escritores de la humanidad forman un hermoso arcoiris, que debe ser contemplado con reverencia por todos; pues ahí se observa la grandeza del ser humano en una de sus manifestaciones más elevadas.

El odio, la envidia y el egoísmo, tres lacras que se anidan en el corazón de muchos humanos, se han lanzado, en el curso de la historia, contra grandes escritores; pero al final la sensatez y la justicia se han impuesto y esos valores olvidados han sido colocados en el lugar que justicieramente les corresponde.

Miguel de Cervantes y Saavedra, por ejemplo, llevó una vida desdichada. Tuvo que realizar labores que estaban muy por debajo de su extraordinaria preparación. Fue mofado por muchos de sus contemporáneos; sufrió vejaciones y golpes de baja calidad moral.

Este personaje singular en las letras universales, fue paje de eclesiástico, alcabalero, soldado, marido infeliz y otras desgracias.

Cervantes, llamado El Manco de Lepanto por haber sido herido en el brazo izquierdo en la batalla del mismo nombre, fue encarcelado varias veces y como si esto fuera poco murió casi en la indigencia y con el espíritu abatido.

Ese genio, que tuvo tantos tropezones en su vida, concibió la feliz idea de escribir la monumental obra conocida en todo en mundo como “El Quijote”.

En la introducción de esa obra dice Cervantes con gran modestia: “...¿Qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?”.

Cervantes fue muy polifacético como escritor, es decir, que no incursionó en un solo género literario, sino que escribió novelas, poesías, cuentos y teatro.

Pero por encima de todo, el gran escritor español fue un altísimo novelista. Esta faceta de su vida eclipsó a todas las demás, pues la sublimidad, el donaire y la altura de que hizo galas en este campo no tiene paralelo.

Lenguaje de pura estirpe castellana, precisión en los juicios y alta calidad lírica se observan en la producción cervantina.

Una prueba de lo antes dicho es lo que Cervantes pone en boca de El Quijote: “Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos…”. Extraordinaria metáfora que pone en claro la visión profunda que tenía Cervantes de la vida y la literatura.

El predecía la grandeza y el impacto que tendría su obra (a pesar de lo que dice en su introducción), cuando pone en boca de El Quijote la siguiente expresión: “Dichosa edad y siglo dicho aquel adonde saldrán a la luz las famosas hazañas mías, digna de entallarse en bronce, esculpirse en mármoles y pintarse en tabla, para memoria de lo futuro”. Y así ha sido.

Entre las obras de Cervantes podemos citar a:

La Galatea, novela pastoril; El Casamiento Engañoso, Rinconete y Cortadillo, picarescas; El Celoso Extremeño, La Gitanilla, La Ilustre Fregona y La Fuerza de la Sangre, costumbristas; El Licenciado Vidriera, de carácter filosófico, bajo las desgracias que envuelven a Tomás Rodaja.

Con su obra “Aventura del Ingenioso Hidalgo Don quijote de la Mancha”, el genio de Cervantes se crece hasta lo inimaginable para dejar al mundo una obra inmortal que ha recorrido los más apartados rincones de la tierra.

Para quien esto escribe, El Quijote es la más alta manifestación literaria de la humanidad. Es la suma, artísticamente encadenada, de las variadas corrientes que existieron en el Renacimiento Español. En ese libro hay material de sobra para analizar la vida española de la época en que se sitúan los hechos narrados y, por extensión de la palabra, se puede analizar en él la vida complicada y a la vez sencilla (valga la paradoja) de los pueblos.

El Quijote es un personaje valeroso hasta la temeridad. Si quien esto escribe fuera el siquiatra Antonio Zaglul colocaría al “enderezador de entuertos” en la escala de los paranoicos.

Su optimismo desbordante se sale de lo racional y he ahí la razón por la que protagoniza acciones increíblemente espectaculares, pero lo cierto es que El Quijote se creía muy juicioso y consideraba un compromiso de honor inevitable todo cuanto hacía.

La confianza que así mismo se tenía no deja margen a la duda. Refiriéndose a su escudero y fiel amigo le dice:

“Sancho amigo... yo soy aquel para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos...”

Pero en grandes términos, El Quijote era un hombre amoroso. Todo lo que emprendía era a nombre de su bella Dulcinea del Toboso. Vale decir, que el amor guiaba sus pasos.

Cervantes, porque es como decir El Quijote, era muy amoroso no solo con Dulcinea, sin que esto se interprete como infidelidad... Pone lo que sigue en boca del enamorado Lauso, en su novela inicial “La Galatea”:

“¿Qué lazos, qué redes tiene,
Silena, tus ojos bellos,
que cuanto más huigo dellos,
más me enlazan y detienen?”

El Quijote murió de calentura, Cervantes se la atribuyó a la melancolía que le produjo su derrota o por la disposición del cielo.

En fin de cuentas, Cervantes ideó un personaje muy bien intencionado, pero rodeado por una profunda locura.

Basta este párrafo para comprobar esa situación:
“...Ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra”.

Con Miguel de Cervantes y Saavedra la literatura universal tiene una deuda de gratitud invaluable, pues él simboliza, con sus obras, una de las más elevadas expresiones de la sabiduría humana.

Teófilo Lappot Robles.

(Publicado en junio del año 1981, periódico El Cometa, Higüey,R.D.).